La lluvia ácida lleva años siendo el villano ambiental que todos conocemos, pero ahora los científicos están preocupados por algo aún más perturbador: los microplásticos están cayendo del cielo.

Los microplásticos no solo están en el agua que bebes o en el pescado que te comes, sino que ahora también llueven sobre nosotros, y eso tiene a la comunidad científica con las alarmas encendidas.

No todo es gravedad, se puede accionar para frenar este crudo escenario. Primero, reducir el uso de plásticos: decirle adiós a las botellas de un solo uso y cámbialas por reutilizables. Segundo, reciclar y tercero, apoyar sistemas de purificación de agua más amigables que atrapen estas partículas. A nivel global, las empresas y gobiernos tienen que tomar consciencia sobre la gestión de residuos y cortar la producción masiva de plástico.

Microplásticos en la lluvia (PH: IA)
Microplásticos en la lluvia (PH: IA)

También te puede interesar: Minería: Una empresa busca extraer helio de la Luna

Microplásticos en la lluvia: El nuevo enemigo invisible

Primero, ¿qué son los microplásticos?. Son pedacitos de plástico, resultado de bolsas, botellas y envases que se degradan con el tiempo. Estos fragmentos están en todas partes: ríos, mares, el aire y, ahora, hasta en las nubes. Investigaciones recientes encontraron que el agua de lluvia lleva microplásticos, desde las ciudades más caóticas hasta lugares remotos como la Antártida o el Everest. ¿Cómo llegan ahí? Fácil: el viento los levanta, se mezclan con las nubes.

Microplásticos en la lluvia son más peligrosos que la lluvia ácida

Lo denso es que los microplásticos no se eliminan con facilidad. No se degradan, se acumulan por miles de años y terminan en los pulmones, sangre y hasta en la placenta. Estudios sugieren que pueden perjudicar al sistema respiratorio, alterar las hormonas e inflamar las células, lo que podría estar detrás de enfermedades serias a largo plazo.

¿Qué es la lluvia ácida y por qué la conocemos tanto?

Es agua de lluvia con un pH bajo (entre 4 y 5, cuando lo normal es 5.6), gracias a químicos como el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno que se desprenden de fábricas, carros y plantas de energía.

¿Y cómo nos afecta? La lluvia ácida arruina suelos, mata bosques, contamina ríos y hasta corroe edificios. Para los humanos, espirarla o consumir alimentos contaminados no es un plan saludable.

¿Por qué los microplásticos ganan en peligro?

La lluvia ácida, aunque da miedo, tiene solución. Con regulaciones estrictas, como bajar las emisiones químicas, se puede controlar. De hecho, en algunos países ya lograron que sea menos conflictivo. Aunque los microplásticos responden a otra cuestión. No es simple sacarlos del ciclo del agua. Una vez que están en el aire y la lluvia, se esparcen con facilidad.

Estos pedacitos llegan a lugares donde ni imaginas, desde la cima de una montaña hasta el fondo del océano. Y como no se descomponen, se quedan ahí, acumulándose en la naturaleza y en nosotros.